MI HISTORIA

Comencé a practicar Judo a los 6 años. Experimenté el miedo, el enojo, la frustración, y la alegría de luchar y superar limitaciones. Mi asma mejoró. Sin duda, el arte marcial fue mi primera terapia. Me fortaleció y descargó mis conflictos. Pero no había palabras para simbolizar el proceso.
Luego viví en USA, no hablaba el idioma, no tenía amigos. Al volver de la Escuela veía una Serie de TV: “Kung Fu”, que cambió mi vida: Un joven recibía enseñanza de Maestros Shaolin, cuyas palabras sabias, actos y técnicas, lo acompañaban en su viaje solitario, para resolver dilemas, conflictos y combates en el camino.
De regreso en Argentina, en mi adolescencia conocí a Sifu Claudio Di Renzo, mi primer Maestro de Kung Fu Shaolin durante una década. Mi relación con él y con el Kung Fu, me ayudaron a crecer, enfrentar mis dudas, y encontrar mi camino.

A los 20 años conocí al Wing Chun Kung Fu (Arte Marcial practicado por Bruce Lee e Ip Man) que aún practico, y a su Maestro principal en Sudamérica (Sifu Léo Imamura), quien luego  sería mi Maestro y mi Guía de Wing Chun hasta mi 30 años.  Durante toda esa década hice viajes a Brasil y USA para aprender.
Pero había síntomas que no se iban sólo con el Arte Marcial. Eran dificultades que estaban mas allá de la voluntad y de practicar más.
Afortunadamente a mis 20 años también pude buscar ayuda: consulté e inicié una Terapia Individual psicoanalítica, combinada con Terapia Grupal y Corporal, para tratar mis problemas psicosomáticos y neuróticos.
En la Terapia Individual, Grupal y Corporal, conocí la experiencia de lo Inconsciente, esa fuente de saber, que al revelarse, me traía alivio, y cambiaba mi perspectiva, abriéndome caminos para vivir mejor.

Me animé a ser Psicólogo, cambiar de carrera (estudiaba Ciencias Económicas), y dedicarme a mis 2 vocaciones: Psicología y Arte Marcial. Quería ayudar a los demás como me habían ayudado a mí. Elegí al Psicoanálisis por su eficacia y su honestidad: La vida mejora, se logran conquistas, pero aceptando límites. No nos convertimos en superhombres ni supermujeres, pero si en una versión mejor y posible de nosotros mismos. No es mágico ni inmediato, pero es posible una transformación subjetiva duradera, que permite saber hacer con las cosas propias, vivir mejor en el mundo y con los demás.

Luego de recibirme de Psicólogo en 1997, proseguí mi psicoanálisis grupal e individual con psicodrama, que aún realizo, porque me sigue haciendo bien. A la par de las Artes Marciales, a mediados de mis treinta años descubrí el Tango.  Moverme con otros (Bailar y Luchar) desde mi centro, me ha ayudado mucho a simbolizar lo que descubro en terapia.
La terapia me ayuda y me acompaña en todas las actividades de mi vida: en la salud, el trabajo, con el dinero y el amor. Es una máquina procesadora fabulosa, que me permite vivir mejor y soltar mi propia estupidez.
 Lentamente, las paredes que separaban a Oriente y Occidente, se fueron tornando más permeables. El Inconsciente es Uno, y se manifiesta en ambas experiencias (Terapia Analítica y Arte Marcial), con efectos curativos y destellos de despertar en ambos casos.
En el año 2000 fundé una escuela que ya cumplió 25 años, con 12 filiales y más de 250 alumnos: “SDS:  Sistemas de Desarrollo Subjetivo”, en la que nos dedicamos a hacer arte marcial, reflexión y meditación (movimiento, palabra y silencio) para vivir mejor.

Observé que había un complemento interesante entre ambas experiencias, que otorgaban un “plus extra” en relación a quienes sólo transitaban una de ellas.
La Terapia analítica favorece la aceptación de lo verdadero, la caída de los ideales y prejuicios paralizantes que nos obstaculizan el vivir, como camino de curación.
Las Artes marciales ofrecen una experiencia mental, corporal y emocional que ayuda a tener la valentía de animarse a llevar a cabo lo que descubrimos en la terapia.
Mi analista siempre me apoyó: “Haga su integración”, alentándome a producir una síntesis rigurosa, nueva y propia de ambos caminos. Dos cosas distintas, pero que se nutren y se ayudan.

Terapia marcial es el resultado de 35 años de transitar la psicoterapia analítica, en el tratamiento del dolor psíquico, para liberar el deseo inconsciente y hacer un camino de vida más genuino. Sumándole la fortaleza, la seguridad, la flexibilidad y el coraje que dan las Artes Marciales, al hacernos conscientes de nuestras potencias y debilidades.
Es un camino abierto, de interdisciplina: asesoran médicos, psiquiatras, psicólogos, profesores de artes marciales y danzas, para proporcionar experiencias y gestos “significantes” que den orientación a la persona que consulta.
La Mente del Analizante y la del Guerrero/a son similares en que ambas aceptan mejor los conflictos en la vida, tienen en cuenta que no somos inmortales, y teniendo a la muerte en el horizonte, nos invitan a vivir con mayor intensidad y valentía, más cerca de nuestros deseos, durante el tiempo que nos quede para nuestro recorrido de vida elegido.